Leyenda zapoteca del mezcal

Leyenda Zapoteca del Mezcal

Te mostramos una adaptación de una leyenda zapoteca del mezcal hecha por Marcko Castillos.
Pocas veces los dioses bajan a la tierra, cuando lo hacen el motivo que los impulsa es muy poderoso. Es difícil saber las complicaciones de un dios. Se dice que los mueve la venganza, el castigo, la curiosidad, o como en este caso: el amor.
Máyatl al asomarse desde los cielos se enamora profundamente de la valentía y la apostura de un guerrero llamado Chag. Sin pensarlo desciende a la tierra para contemplarlo de cerca, no oculta su calidad de diosa y Chag, a su vez, queda fascinado por el esplendor y la gracia divina de la que es poseedora su celestial enamorada.
Leyenda Zapoteca del Mezcal

Guerrero zapoteca. Ilustración: @Neomexicanismos

La diosa sin rodeos le declara su amor. A pesar de que Chag es astuto e intrépido, no se atreve mirar a Máyatl como su igual. La diosa se instala en la tierra, dedica su tiempo a enamorar al tímido guerrero, que así como hace temblar a los enemigos en la batalla, frente a ella se mantiene manso y sumiso como ave cogida en una red.
Cada vez que ella muestra interés en él y alude al amor, él tiembla de excitación. Pero la actitud menguada de Chag no desanima a Máyatl, que busca una mejor manera de ganar su afecto.
Cierto día, ofrece al hombre uno de sus pechos, del cual mana un elixir maravilloso. Chag bebe, y con lágrimas pide: “¡Haz de mi un dios, o tú misma vuélvete mujer!” Máyatl se emociona profundamente, pone su mano en el corazón de él y lo eleva al nivel de los dioses.
Leyenda zapoteca del mezcal

Diosa Mayahuel. Foto: Revista Arqueología

El guerrero Chag abraza fuertemente a la diosa Máyatl. Hace el amor intensamente durante siete días y siete noches. Se elevan ligados por la atracción que ambos sienten y se quedan en los cielos para siempre a contemplar en las claras noches zapotecas la creación de los dioses.
Allá están, en lo alto. Amantes y amados. Por ellos, los hombres saben que la fuerza del amor rompe con cualquier diferencia.
Adaptación Marcko Castillo